El Tesoro de Mérida

Tesoro de Mérida

El Tesoro de Mérida y su leyenda

En agosto de 1642, ante la inminencia de un ataque pirata, las autoridades de la ciudad mexicana de Mérida resolvieron enviar hacia La Habana las cuantiosas riquezas acumuladas en su catedral, con la intención de protegerlas. No obstante, la expedición nunca pudo llegar a su destino. Una vez que entraron en alta mar fueron perseguidos y tras convencerse de que era imposible alcanzar la capital cubana con el tesoro, escogieron dirigir el barco hacia la península de Guanahacabibes para ocultarlo. De esta forma lo hicieron, sellando a su suerte para siem¬pre a la colosal fortuna. A manera de venganza y en un combate desigual, la tripulación fue exterminada por los piratas. Apenas un solo fraile que custodiaba la carga consiguió abrirse paso a través de la península. Muy mal herido por el diente de perro y las espinas el hombre pudo llegar a la iglesia de Guane para contar lo sucedido. De esta forma allí quedó recogido su testamento y también los nombres de las embarcaciones, el inventario de la carga y el derrotero hacia el sitio exacto donde fue ocultada. Poco tiempo después, consumido por la fiebre y la fatiga, el último testigo del enterramiento también moriría. Entre todas las versiones que se han difundido a lo largo de los siglos esta es la más creíble de todas y según la leyenda, las páginas con el mapa y las descripciones realizadas por el fraile moribundo, desaparecieron misteriosamente de la iglesia de Guane. Asimismo se asegura que han cambiado de dueño varias veces, lo que ha traído como consecuencia, incontables expediciones infructuosas para encontrar el Tesoro de Mérida. El historiador Pedro Manuel De Celis ha participado en cuatro de ellas, siempre entre la zona de Cabo Corrientes y María la Gorda.

La historia del Tesoro de Mérida

El vicepresidente de la Unión de Historiadores de Cuba en Pinar del Río, Enrique Giniebra, manifestó que durante siglos, de una forma u otra, todos los grandes corsarios y piratas que operaron en el mar Caribe hicieron contacto con las costas de pinareñas. En su libro “Piratas en el archipiélago cubano”, el destacado investigador Antonio Núñez Jiménez relata que por su aislamiento y por estar en medio de una ruta obligada para la navegación entre el continente americano y Europeo esta península fue guarida de piratas hasta avanzado el siglo XIX. Según explica Giniebra, resulta cierto que todas las costas de Pinar del Río fueron saqueadas, sobre todo las de Guanahacabibes y que durante la misma época en que esta esta zona de Pinar del Río se convertía en uno de los principales refugios de corsarios y piratas, al cruzar el otro lado del mar, justamente en Yucatán, llegó a predominar el saqueo de iglesias y poblados. De aquí que el Tesoro de Mérida pueda ser considerado entonces en algo más que una leyenda. Curiosamente el sitio web del ayuntamiento de Mérida, en su sección de historia, reconoce que los ataques piratas se iniciaron en 1561 y se mantuvieron durante mucho tiempo. Publica también el hecho de que en el siglo XVII piratas ingleses trataron de tomar la ciudad y que toda la península se encontraba bajo el ataque constante de estos violentos ladrones del mar.

El Tesoro de Mérida y la realidad

Luego de más de un cuarto de siglo, Pedro Ma¬nuel De Celis testifica que sin lugar a dudas ha habido algunos pequeños hallazgos, pero el tesoro de Mérida el más famoso de los tesoros de la historia de la piratería en las costas de Vueltabajo a pesar de haber sido buscado con insistencia continúa sin aparecer. Afortunadamente Enrique Giniebra ha logrado reunir copias del supuesto testamento del fraile, del diario de navegación de las embarcaciones que transportaban el tesoro y de varios mapas del sitio de su presunto enterramiento, pero cuando se los analiza a profundidad se pueden advertir notables contradicciones. Giniebra también explica que hay personas que han investigado el tema, los cuales incluso estuvieron en Yucatán y cuyos testimonios niegan que en la Catedral de Mérida exista algún documento que confirme el traslado de bienes eclesiásticos tan grandes. No obstante, advierte que esto no quiere decir que no haya podido ocurrir, si se tiene en cuenta la época en que ocurrió. Así también, aun cuando muchas de las evidencias resulten dudosas, considera que tuvo que haber algo concreto que diera pie a la leyenda.

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