La libreta del tabaquero

La Libreta del tabaquero
La Libreta del tabaquero

Surgimiento de la libreta del tabaquero

Utilizada en La Habana desde inicios de la década de 1850 hasta inicios de 1860, la Libreta del tabaquero se constituyó en un mecanismo coercitivo oficial relacionado con el Reglamento del aprendizaje del oficio de tabaquero. La administración la instituyó en respuesta a las quejas de los fabricantes de puros, los cuales afirmaban que la fuerte demanda de trabajo permitía a los artesanos ocupados en torcer las hojas de tabacos “abusar” de sus patronos. Los fabricantes insistían en que los tabaqueros no devolvían el dinero que se les había dado como anticipo de sus jornales. Esta libreta resolvía esta dificultad y le permitía a los dueños además asegurarse de que los obreros trabajarían en sus talleres o fábricas.

La libreta del tabaquero y sus reglas

Según las reglas de la libreta del tabaquero, cada oficial tabaquero tenía que registrarse en la Sección Industrial de la Sociedad Económica, precisamente, aquella sección que se encargaba de vigilar a los aprendices. La Libreta registraba el centro de trabajo del tabaquero, su lugar de nacimiento, su domicilio, su aspecto físico y si poseía o no una licencia de oficial. Ningún fabricante de tabaco podía aceptar a un trabajador libre o a un esclavo que se alquilase sin la Libreta. Donde fuera que el oficial encontrara empleo, el patrono guardaba la Libreta. Allí podía anotar la cantidad de dinero que adelantaba al empleado. Esta última cláusula se debía a que los patronos en Cuba solían adelantar dinero a sus empleados para atraerlos a un taller determinado. Si el patrono anotaba que el trabajador le debía dinero, este no podía dejar la fábrica. La Libreta era obviamente un mecanismo para “enganchar” al trabajador, el cual es semejante al “peonaje por deudas” utilizado en las haciendas de varios países latinoamericanos o a la Libreta implantada en Puerto Rico entre 1849 y 1873 para los trabajadores rurales. Era el patrono, no la administración ni el empleado, quien anotaba la deuda del trabajador. Como la producción tabacalera decrecía cada año de enero a julio, muchos tabaqueros aceptaban adelantos en metálico durante estos meses. De modo, que cuando la demanda de trabajo y los jornales subían de julio a diciembre, aquellos tabaqueros no tenían más remedio que trabajar para sus acreedores por jornales bajos, en vez de ganar jornales más altos en otros talleres. En 1859, el capitán general José Gutiérrez de la Concha trató de extender el sistema de la Libreta a todos los oficios e incluso a los trabajadores rurales de toda la isla. Con todo, el proyecto de Concha fracasó y el sistema de la Libreta nunca pudo extenderse más allá de la industria del tabaco. A inicios de la década de 1860, la libreta del tabaquero cayó en desuso, aunque esto no impidió que la administración continuase discutiendo la posibilidad de crear “talleres” y de resucitar la Libreta para controlar la vagancia y ayudar al empresariado a disciplinar a la fuerza de trabajo. Incluso después del fin de la esclavitud en 1886, la administración colonial trató sin éxito de implementar el mismo sistema de la libreta a los sirvientes domésticos, muchos de los cuales habían sido esclavos.

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