La música cubana de los siglos XVIII y XIX

En la música cubana de los siglos XVIII y XIX
En la música cubana de los siglos XVIII y XIX

Apuntes sobre la música cubana de los siglos XVIII y XIX

En la música cubana de los siglos XVIII y XIX, aparte de la música rural y la música folklórica afro y cubana, el género más popular en el siglo XIX fue la contradanza. Esta comenzó como una forma local de la danza regional inglesa «country dance», de su derivado la «contredanse» francesa y de la contradanza española. El primer compositor distinguido en este estilo fue Manuel Saumell (1818-1870), el cual es considerado como el padre del desarrollo musical criollo cubano. Otro gran músico de esta etapa fue Ignacio Cervantes, que vivió entre 1847 y 1905. En las manos de este prolífero músico la danza consiguió aún mayor sofisticación en su lenguaje pianístico. Cervantes fue denominado por Aaron Copland como un Chopin cubano, debido a sus magníficas composiciones para piano de estilo Chopinesco. La notoriedad de Cervantes descansa hoy casi en sus famosas cuarenta y una «Danzas cubanas». Cervantes también compuso una ópera que dejó inconclusa denominada «Maledetto» y que ha sido olvidada. En la década de 1840 la habanera emergió como una lánguida canción vocal con ritmo de contradanza. La habanera llegó a ser muy popular en España y otros lugares. La contradanza/danza cubana también ejerció una importante influencia sobre la danza puertorriqueña, que pasó a disfrutar de su propia carrera dinámica y distintiva a través de los años 1930. En Cuba, en la década de 1880, la contradanza/danza dio a luz al danzón, que efectivamente llegó a superarle en popularidad.

La música cubana de los siglos XVIII y XIX y sus principales exponentes

Dentro de los principales exponentes de la música cubana de los siglos XVIII y XIX se destaca Laureano Fuentes, el cual vivió entre 1825 y 1898. Provenía de una familia de músicos y escribió la primera ópera compuesta en la isla denominada «La hija de Jefté». Esta más tarde fue alargada y organizada bajo el título de «Seila». Sus numerosas obras abarcaron todos los géneros. Otro relevante músico es Gaspar Villate (1851-1891). Gaspar produce una abundante y amplia obra, toda centrada en la ópera. José White es considerado tal vez como el más importante músico de esta época. Vivió entre 1836 y 1918 y llegó a convertirse en un gran compositor y violinista de mérito internacional. Su obra más reconocida es «La bella cubana», la cual es una habanera. Por otro lado, durante los años intermedios del siglo XIX el joven músico estadounidense Louis Moreau Gottschalk llegó a la Habana. Gottschalk que vivió entre 1829 y 1869 compuso muchas piezas de estilo criollo, tales como la habanera «Bamboula, Op. 2 Danse de negres» en 1845 y cuyo título se refiere a un tambor Afro-Caribeño. Compuso además en 1853 «El cocoye», basado en un tema popular cubano y en 1859 la contradanza «Ojos criollos» (Danse cubaine). Realizó además una versión de «María la O», que se refiere a un cantante mulato cubano. En estos números hizo frecuente uso de los típicos patrones rítmicos cubanos. En uno de sus conciertos de despedida él interpretó su «Adiós a Cuba», causando una gran ovación y gritos de ¡bravo! Lamentablemente, la partitura de esta obra no ha sobrevivido. En febrero de 1860 Gottschalk produjo una gran obra en La Habana llamada «La nuit des tropiques». En la ejecución de esa pieza utilizó unos 250 músicos y un coro de 200 cantantes, además de un grupo del cabildo de negros de Santiago de Cuba que trajeron sus tambores para la representación. Él presentó otro gran concierto al año siguiente, con nuevo material. Estos espectáculos empequeñecieron todo lo anteriormente visto en la isla y fueron sin duda inolvidables para los asistentes.

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