Rita Montaner

Rita Montaner
Rita Montaner

Rita Montaner constituye uno de los exponentes más universales de las artistas cubanas

Rita Aurelia Fulceda Montaner Facenda nació en La Habana el 20 de agosto de 1900, hija del médico y capitán del Ejército Libertador Domingo Montaner Pulgarón y de Mercedes Fazenda. Realizó estudios de música en 1910 en el Conservatorio de Música y Declamación de La Habana Eduardo Peyrellade. En Nueva York fue discípula de canto del profesor italiano Alberto Bimboni.
Estudió el piano a la perfección, dominaba el pentagrama, cantaba lo culto y lo popular con excelencia porque era desprejuiciada y contaba con un concepto universal de la cultura. De ahí su magnificencia, alto vuelo, vigencia y trascendencia.
Rita Montaner el 16 de marzo de 1922 participó en los Conciertos de Música Típica Cubana organizados por el compositor Eduardo Sánchez de Fuentes, acompañada por la orquesta dirigida por el compositor Gonzalo Roig. El 10 de octubre del mismo año, actuó en la inauguración de la radioemisora PWX, con la orquesta dirigida por el compositor Luis Casas Romero. El 28 de enero de 1923 se presentó en el Teatro Nacional (Gran Teatro de La Habana) en el Festival de Canciones Cubanas.
El 9 de octubre actuó en el Festival de Música Cubana organizado por el periodista Guillermo de Cárdenas y el pianista y compositor Ernesto Lecuona, quien la acompañó al piano. El 2 de marzo de 1926, interpretó el aria de «Un bel di vedremo» de la ópera Madame Butterfly, del compositor italiano Giacomo Puccini, y del mismo compositor, cantó el aria «Mi chiamano Mimi», de la ópera La Bohème.
En 1926 viajó a Nueva York, donde trabaja con la compañía Follies Schubert, y después de seis meses de actuación en esa ciudad, regresó a Cuba. En 1929 viajó a París en compañía de Sindo y Guarionex Garay. En esa ciudad actuó en el Palace, en él interpretó Siboney, Carabalí y su famosísima ¡Ay!, Mamá Inés.
Rita Montaner tuvo el gran mérito de haberse especializado en la interpretación del folklore cubano, calificado por algunos de bárbaro y poco elegante. En pocos años, alcanzó una popularidad extraordinaria.

Rita Montaner y su personaje “La Chismosa”

En épocas de tensión política, todo el público de la isla estaba atento a las coplas que cantaba La Chismosa, personaje de su creación. Y, a medida que pasaban los años, su voz adquiría en elocuencia, en poder de expresión, lo que el tiempo le restaba de frescor. Rita Montaner desafiaba magníficamente el paso de los años, mostrando que nada había perdido de su personalidad.
Rita Montaner viajó a México en 1933, con Bola de Nieve, como pianista acompañante. De vuelta a Cuba, trabajó en el teatro Principal de la Comedia. Más tarde integró el elenco de la Compañía de Zarzuelas Cubanas que se presentaba en el Teatro Martí, y más tarde pasó a trabajar con Lecuona. Estableció relaciones de trabajo con el compositor Gilberto Valdés, y desde entonces se convirtió en una de las más importantes intérpretes de su obra.
En 1939 actuó en Radio Caracas, Venezuela. De regreso a Cuba, continuó su labor con Ernesto Lecuona. En 1940 interpretó el sainete lírico de Rodrigo Prats, Amalia Batista. A fines de este año viajó a Estados Unidos, donde fue la figura central del espectáculo del centro nocturno Havana-Madrid, en Broadway. De vuelta a Cuba, protagonizó en 1941, por la CMQ, la novela Cecilia Valdés, del escritor cubano Cirilo Villaverde.
A partir de 1946, actuó en el Cabaret Tropicana, acompañada al piano unas veces por Ignacio Villa (Bola de Nieve) y otras por Felo Bergaza. En 1947 viajó a México para actuar en el filme María la O, que, basada en la zarzuela de igual título de Lecuona, dirigió Adolfo Fernández Bustamante. Hizo el personaje de la negra Mercé en el filme mexicano Angelitos negros, junto a Pedro Infante.
El 31 de mayo de 1957 compartió con el actor cubano Alejandro Lugo su última función: “Fiebre de Primavera”, de Noel Coward, en la Sala Arlequín. El dueño del teatro, al ver que Rita Montaner había quedado sin voz, se dirigió a ella en el intermedio y le preguntó: “¿suspendemos la función, Sra. Rita?”, a lo cual respondió: “… yo tengo que respetar a ese público… y ese público se va de aquí con el trabajo bien hecho, aunque yo me muera”. Rita terminó sin voz, esa noche fue para el Oncológico y el 17 de abril de 1958 murió dejando tras de sí una estela de fama y cariño popular.

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