Salinas de Brito

Salinas de Brito
Salinas de Brito

Las Salinas de Brito están consideradas como un santuario para las aves cubanas y migratorias

El primero en describir la zona de Las Salinas, en la Ciénaga de Zapata, al sur de Matanzas, fue Don Luis Juan Lorenzo D’Clouet, quien fuera fundador de la Fernandina de Jagua, en la actualidad la ciudad de Cienfuegos. Investigadores afirman que D’Clouet envió una carta a la reina Isabel donde ponderaba las bondades del lugar para la explotación de la sal. La extracción de este preciado producto se remonta por tanto a la época colonial, y entre los Siglos XVI y XVIII el tráfico de piratas y corsarios por las aguas aledañas favorecieron su comercio.
Salinas de Britos fuerons conocidas por los habitantes de la comarca con los apellidos de Cazones y de Brito, este último el que más perdura y aun recuerdan los pobladores de más edad. En 1930 José Brito Santos compró el terreno de Las Salinas favorecido por su condición de delegado de la Aduana Local en la Ensenada de la Broa. Según fuentes locales, Brito Santos amplió y acondicionó la salina en la cual se obtenía el grano por la evaporación del agua en pequeños estanques excavados en la piedra o construidos con cantos. Dado que los caminos eran intransitables, para extraer el producto se empleaba la vía marítima o una estrecha línea férrea hacia los puntos donde era comercializado. Pocas evidencias quedan actualmente sobre la existencia del ramal ferrocarrilero y solo está en mapas antiguos.
Brito Santos levantó un capital que le permitió disponer de lancha de motor, una avioneta, pista de aterrizaje, camiones y al menos dos buenas viviendas de mampostería, una de ellas en Las Salinas y la otra en Playa Larga. Testigos del esplendor y la historia pasados son los restos de la vivienda, reconstruida con apreciables modificaciones, algunos muros del depósito del mineral, así como vestigios de la pista de aterrizaje y de un embarcadero rústico.

Las Salinas de Brito un Área natural protegida

Las Salinas de Brito poseen un área de alrededor de 2 mil kilómetros cuadrados de extensión y están consideradas por los especialistas como un santuario de las aves cubanas. Concebido en los momentos actuales como un lugar excelente para la observación de la avifauna, resultan sitio ineludible en un recorrido por la Ciénaga de Zapata, el mayor y mejor conservado humedal del Caribe insular, a unos 180 kilómetros al sudeste de La Habana.
El sistema de marismas existente en esta zona la convierte en excelente lugar para dar refugio a más de 65 especies migratorias que allí acuden durante la temporada de invierno entre los meses de octubre y marzo. Durante ese período pernoctan en Salinas de Brito pájaros que migran desde América del Norte en busca de mejores condiciones de clima, alimentos y también con el objetivo del necesario apareamiento para preservar la existencia.
Ornitólogos reportan la presencia allí de la Torcaza Blanca, la cartacuba, el tocororo (ave nacional de Cuba), el pato de la Florida, el pelícano gris y el Martín Pescador, entre otras. También figuran de forma permanente distintos tipos de garzas, y algunos ejemplares muy difíciles de observar en otros lugares como el gavilán batista y la cigüeña. Bandadas de grullas habitan en las sabanas aunque es poco frecuente poder admirarlas.
Sin embargo, la vedette de la región es el flamenco rosado, una especie protegida, del cual expertos aseguran la existencia de poblaciones de unas 10 mil aves, la mayor población animal en ese territorio.
Para llegar a este lugar la marcha es un tanto dificultosa desde Playa Larga, avanzando por un camino angosto de casi 18 km, que se encuentra rodeado de árboles y vegetación distintiva de los manglares. Aproximadamente a la mitad del viaje es cuando se empiezan a avistar las primeras aves. Desde los miradores que hay en el lugar se pueden apreciar a ambos lados del camino los espléndidos y multicolores plumajes de las aves.
La Ciénaga de Zapata es considerada por la UNESCO como Reserva de la Biosfera y Sitio RAMSAR, siendo un gran reservorio natural poseedor de ecosistemas frágiles. En Cuba existen tres corredores migratorios de aves y el más importante es el que enlaza la región del río Misisipi, en el sur estadounidense, luego Cuba y América del Sur.

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