El Teatro Martí en La Habana

El Teatro Martí
El Teatro Martí

El Teatro Martí, en La Habana, es uno de los más célebres y queridos teatros cubanos.

El Teatro Martí fue inaugurado el 8 de junio de 1884 por su constructor, Ricardo Irijoa, cuyo apellido llevó inicialmente el inmueble. Posee una arquitectura exterior conformada por un bloque rectangular coronado por una cornisa corrida a su alrededor y un pretil originalmente rematado por copas. La horizontalidad del edificio es equilibrada por el tratamiento vertical de las ventanas. La cubierta a dos aguas, algo retirada, se expresa como un frontón con una luceta semicircular en su centro, sobre la puerta principal.

El interior del inmueble, con columnas de hierro fundido, pisos de mármol, alfombras, cortinas, espejos y lunetas de hierro, ofrecía una mayor riqueza a la edificación patrimonial. La ventilación y la acústica eran excelentes, y a ello se sumaban adelantos tecnológicos como el que permitía, mecánicamente, colocar el piso de la platea al nivel del vestíbulo y el escenario para la realización de bailes y otras actividades. Contaba, asimismo, con locales para camerinos, vestuario, utilería y otros usos, además de un restaurante, un café al aire libre y un jardín con esculturas, fuentes y elementos de mobiliario.

Allí se ofrecieron bailes públicos y diversos espectáculos: desde compañías de bufos criollos y del circo de don Santiago Pubillones hasta zarzuelas, operetas, vodeviles y el estreno en Cuba de la ópera «La Boheme», de Giacomo Puccini.

Enrique Pastoriza compró el teatro a los herederos de Irijoa en 1899 y a lo largo de varios meses se llamó Edén Garden. En 1900 lo rebautizaron con un apellido que lo dignificaría: Martí, y al siguiente año quedó inscripto en la historia nacional al servir de sede a la Asamblea Constituyente encargada de redactar la primera Carta Magna para la república cubana a estrenarse el 20 de mayo de 1902, y los candentes debates que originó la decisión del gobierno estadounidense de imponer como un apéndice a tal Constitución la Enmienda Platt, lo cual aprobó la mayoría de los delegados participantes en la reunión. En 1905 el Martí pasó a manos de José Cano de la Maza y su propiedad recayó en la señora Juana Cano de Font.

El Teatro Martí en el siglo XX

Entre 1910 y 1914 sus carteleras anunciaron a las compañías de bufos cubanos, y más tarde transcurrió la época de oro del coliseo gracias a la labor de empresarios como Julián Santa Cruz y Eulogio Velasco. Ya en 1931 comenzó la temporada de teatro vernáculo de la Compañía de Manuel Suárez y Agustín Rodríguez, con Gonzalo Roig y Rodrigo Prats como directores de la orquesta y maestros concertadores, la cual se extendería durante más de un lustro y consolidó el arte lírico criollo mediante los estrenos de varias de sus más representativas obras: «Rosa la China», de Ernesto Lecuona; «Soledad», «Amalia Batista» y «María Belén Chacón», de Rodrigo Prats; y «|Cecilia Valdés», de Gonzalo Roig. Se inscribieron en las carteleras de tan glorioso momento los nombres de Rita Montaner, Caridad Suárez, Miguel de Grandy, Arturo Vila, Fernando Mendoza, Lolita Berrio, Consuelo Novoa, Alberto Garrido (hijo) y Federico Piñero, entre otros.

Más tarde se presentó el denominado Teatro Cubano Libre, fundado en el decenio de los cuarenta por el escritor Carlos Robreño y el empresario Julio Vega con la cantante y actriz María de los Ángeles Santana en calidad de máxima estrella. A raíz de la victoria revolucionaria de 1959, en el Martí se estrenó el sainete «El general huyó al amanecer».

Finalmente se instaló en su proscenio el grupo Jorge Anckermann, que contó con la dirección musical del maestro Rodrigo Prats, llevó a cabo las representaciones de piezas de Enrique Núñez Rodríguez y Eduardo Robreño, entre otros autores, y permitió a una nueva generación de espectadores ovacionar a dos inolvidables figuras del arte asociadas a lo anales del Martí por las décadas que allí actuaron ininterrumpidamente: Candita Quintana y Alicia Rico.

Restauración y rapertura del Teatro Martí

Abandonado a finales de la década del 70, el edificio fue deteriorándose hasta no quedar más que su fachada. La Oficina del Historiador de la Ciudad se dio a la tarea de recuperar el teatro Martí y devolverle su antiguo esplendor.

Esta obra patrimonial requirió que se hicieran nuevos los entrepisos y escaleras de madera, las columnas de hierro fundido con capiteles y elementos ornamentales ubicados en la sala, mientras para rescatar la carpintería francesa se tuvo que recurrir a fotos históricas, así como hacer una doble en la fachada para evitar que interfieran los ruidos exteriores. Se ampliaron los camerinos, la cafetería y las áreas exteriores, y se climatizó totalmente la instalación. Se evitó al máximo intervenir el diseño original y fueron introducidos solo aquellos cambios imprescindibles.

Se levantó en paralelo un edificio aledaño, también en ruinas para los locales administrativos. Se creó un bloque de baños de alto confort, se restablecieron los jardines y el área de cafetería. Se diseñaron y ejecutaron locales para las nuevas necesidades dentro del propio teatro, desde una peluquería, nuevos camerinos, hasta el reservado del director de orquesta. El tabloncillo, de la más alta calidad, fue confeccionado con madera especial traída desde Colombia, y reúne todas las características que requieren los bailarines.

El 24 de febrero del 2014 con la presencia del presidente cubano Raúl Castro, se realizó la reapertura del Teatro Martí, emblemático coliseo que volvió a la vida después de 40 años cerrado y un extenso trabajo de restauración, que le valieron el el Premio Nacional de Restauración en el 2015.

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